El esguince de tobillo es una de las lesiones más comunes, tanto en deportistas como en la vida cotidiana. Una mala recuperación puede derivar en inestabilidad crónica, esguinces repetidos e incluso dolor persistente.
En L1 Fisioterapia Salamanca, realizamos una valoración completa y diseñamos un plan de tratamiento personalizado para acelerar la recuperación y prevenir futuras lesiones.
Un esguince ocurre cuando uno o varios ligamentos del tobillo se estiran o se rompen debido a un movimiento brusco. Dependiendo de la gravedad, se clasifica en:
– Grado I: estiramiento de los ligamentos sin rotura.
– Grado II: rotura parcial del ligamento.
– Grado III: rotura completa.
La mayoría de los casos afectan a los ligamentos laterales externos, y suelen producirse cuando el pie gira bruscamente hacia adentro o hacia afuera, forzando el límite fisiológico de los ligamentos.
Tras una lesión de este tipo, los receptores propioceptivos del tobillo pueden alterarse, lo que aumenta el riesgo de recaídas si no se realiza una rehabilitación completa.
Los síntomas varían según la gravedad, pero los más comunes son:
– Dolor localizado en la cara externa del tobillo.
– Inflamación y edema rápidos tras la lesión.
– Hematoma visible (en grados II y III).
– Sensación de inestabilidad o “fallo” del tobillo al caminar.
– Dificultad para mover el pie o apoyar el peso.
En casos graves, puede ser necesario realizar pruebas de imagen (ecografía o resonancia) para descartar lesiones asociadas.
El tratamiento debe ser personalizado según el grado de la lesión y la fase de recuperación. El objetivo principal es recuperar la movilidad, la estabilidad y la fuerza, evitando futuras recaídas.
1. Fase aguda (48-72 h)
– Control del dolor y la inflamación con crioterapia (hielo), elevación del pie y vendaje compresivo.
– En algunos casos, se puede utilizar taping funcional o inmovilización parcial.
2. Fase subaguda
– Movilizaciones articulares suaves para mantener la movilidad.
– Ejercicios de propiocepción en superficies inestables para recuperar el equilibrio.
– Activación muscular progresiva de los estabilizadores del tobillo y pie.
3. Fase de readaptación
– Ejercicios de fuerza, control neuromuscular y coordinación.
– Trabajo específico del gesto deportivo o laboral.
– En deportistas, se incluyen ejercicios de saltos, giros y cambios de dirección.
4. Fase de prevención
– Diseño de un plan de mantenimiento individualizado.
– Corrección de patrones de movimiento y fortalecimiento de toda la cadena funcional de la pierna.
La mayoría de las recaídas se deben a una rehabilitación incompleta. Para reducir el riesgo de sufrir un nuevo esguince:
– Completa siempre todas las fases del tratamiento.
– Continúa con ejercicios de propiocepción y equilibrio incluso tras recuperarte.
– Refuerza la musculatura del tobillo, pierna y cadera.
– Usa calzado adecuado y evita superficies irregulares en los primeros meses.
El esguince de tobillo es una lesión muy frecuente, pero con una buena fisioterapia la recuperación completa es posible. Un tratamiento adecuado permite recuperar la función, prevenir secuelas y evitar recaídas.
Recuerda: aunque el dolor desaparezca, el tobillo puede no estar listo aún para volver al deporte. Respetar los tiempos y las fases de rehabilitación es clave para una recuperación segura y duradera.
L1 Fisioterapia – Federico Anaya, 84 – Salamanca
Teléfono: 601 507 929
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